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“No se educa al médico para dar valor a lo que hace la industria”

Siete mil profesionales sanitarios forman parte de la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos de la Industria (Ifapp), que preside Honorio Silva, médico internista y farmacólogo, licenciado en Medicina por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), con una extensa experiencia como ejecutivo de la industria, profesor universitario e investigador clínico, y que ha concedido entrevista a CF con motivo del 40 aniversario de la Asociación española de Medicina de la Industria Farmacéutica (Amife), una de las treinta organizaciones que aglutina la Ifapp.

Es un convencido, porque así lo ha podido vivir en sus numerosos cargos internacionales en Pfizer, del valor que aporta la industria farmacéutica a la sociedad y al sector sanitario en particular, por eso lamenta que a los médicos no se les eduque en dicho valor. “Los médicos de la industria participamos en el desarrollo efectivo de medicamentos para que los pacientes accedan a la innovación, lo hagan a precios razonables y con garantía de calidad. Sin embargo, no se educa en el Grado en nada de eso, y hay un divorcio existencial entre industria y médicos”, lamenta. Y añade: “Cuando los médicos se acercan a la industria se dan cuenta de que es distinta, de que trabajan con estándares iguales o más elevados que los que tienen los propios médicos. Se puede hacer una buena Medicina trabajando para la industria”.

Silva, que es presidente electo de la Ifapp y tomará posesión en abril, informa de que uno de los objetivos de la federación es fomentar la profesionalización. Dice estar trabajando en el desarrollo del concepto de “competencias profesionales, que es la suma de conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes, porque el conocimiento no es suficiente para hacer las cosas”. Para el experto, uno de los problemas de las universidades tradicionales es que han basado la educación en el conocimiento, por lo tanto, “han generado profesionales que no se adaptan a las necesidades del mercado”. De ahí que su objetivo sea desarrollar programas de educación basados en competencias: “Uno sería una certificación profesional para trabajar en la industria”, apunta.

¿Y qué necesita el mercado de las farmacéuticas hoy? “Profesionales competentes”, insiste, que “puedan manejar las diversas facetas del desarrollo del medicamento”. La función médica es cada vez más requerida por la industria, sostiene, y no sólo para el desarrollo clínico o apoyar actividades comerciales sino que están proliferando los Departamentos de Asuntos Médicos.

En este sentido, subraya que ya no es suficiente con asegurar que un fármaco es eficaz y bien tolerado: “Hay que demostrar el valor, y, aunque hay muchas interpretaciones de este término, lo importante es que, además de aportar valor al arsenal terapéutico, la innovación tenga un precio razonable y fomente el uso racional”.

Detrás de esta máxima, más compleja en la práctica que sobre el papel, está la realidad tangible de la sostenibilidad de los sistemas sanitarios. “No hay una fórmula mágica para garantizar la sostenibilidad, el acceso del paciente y el pago de la innovación igual que no hay un sistema sanitario ideal”. Y recuerda que la industria se adapta al mercado: “Se ponen precios que el mercado puede pagar”. Para Silva quizá el debate más complicado esté en lo que en Estados Unidos llaman DALY (disease adjusted life years), toda vez que existen fármacos que han curado o cronificado el cáncer, por ejemplo: “Cuánto vale una vida es lo que hay que preguntarse”.

No considera que sean tiempos de crisis en la innovación farmacéutica, aunque sí reconoce que el área de antibióticos o cardiovascular han perdido pie frente a enfermedades raras, por ejemplo. La colaboración entre Gobierno, sector privado y público podría ser una solución, concluye.

EL NUEVO RETO DE LA TRANSPARENCIA

El presidente de los médicos de la industria, Honorio Silva, aborda con CF el reto marcado tanto en Estados Unidos como en Europa de mejorar la imagen de este sector y ganar transparencia en las relaciones con los profesionales sanitarios. “Ha habido excesos -reconoce-, pero no son cotidianos. Ahora hay un sobrerreacción y las respuestas han sido exageradas -en Estados Unidos cualquier pago a médicos por encima de 10 dólares o más de 100 en un año, en pagos individuales, hay que declararlo-“, analiza.

Entiende que se ha creado una carga adicional para la industria, que tiene que registrar cada uno de los movimientos: “Esto genera anticuerpos en los médicos y fomenta compartimentos estancos, cuando lo que hay es que trabajar en colaboración”. En Estados Unidos, apunta, líderes de opinión que han estado “expuestos a la industria” no pueden participar en comités de revisión hospitalarios, “lo que significa que no necesariamente los más capacitados son los que van a tomar las decisiones sobre el uso de medicamentos”.

Fuente: Correo Farmacéutico