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Siete mil moléculas en fases de I+D

La medición de los resultados en salud de todas las actuaciones sanitarias resulta esencial para integrar y sacar el mayor fruto de dos revoluciones que están ya transformando los sistemas sanitarios de los países desarrollados: los nuevos avances biomédicos derivados del desarrollo de la genómica funcional y la proteómica -que están cambiando la forma de afrontar el tratamiento de la enfermedad- y el proceso imparable de digitalización de nuestra sociedad y del sistema sanitario, ha señalado el presidente de Farmaindustria, Jesús Acebillo, en el XVII Encuentro de la Industria Farmacéutica Española, celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander.

En el caso de la innovación disruptiva, que engloba los avances terapéuticos de los últimos años, fruto del nuevo y profundo conocimiento de la biología celular, está permitiendo desarrollar nuevos fármacos y productos biológicos altamente específicos, así como procedimientos de terapia celular, terapia génica y medicina regenerativa, capaces todos ellos de cambiar radicalmente el abordaje de enfermedades y, por tanto, la vida de muchos pacientes. “Estos nuevos avances terapéuticos significan un renacimiento de la medicina y están llamados a modificar radicalmente la práctica médica actual, a transformar los sistemas sanitarios donde dichas enfermedades son gestionadas y, por último, a mejorar la vida de muchos pacientes”, ha subrayado Acebillo.

No obstante, en ocasiones estos nuevos productos biológicos sólo se contemplan como elementos de incremento de costes, en vez de como “soluciones para mejorar la vida de los pacientes y reducir e incluso eliminar muchas enfermedades y, por tanto, sus costes asociados”. Para Acebillo, esta percepción puede deberse a la falta de criterios internacionales comunes sobre las políticas de precio a aplicar a estas innovaciones disruptivas, políticas que, en su opinión, “deberían estar basadas en el valor añadido que dichos productos generan en el paciente y el sistema sanitario y a nivel socio-económico”.

En lo que se refiere a la transformación digital del sistema sanitario, que ya está proveyendo de nuevos instrumentos capaces de procesar ingentes volúmenes de datos (las herramientas de big data), afectará y redefinirá los sistemas de salud en el futuro inmediato, “convirtiéndose con toda probabilidad en el motor más potente de transformación de dichos sistemas, ya que actuará de forma transversal en todas las fases de la cadena sanitaria, desde el paciente, a través de las nuevas tecnologías de conectividad-integral, hasta la gestión de la sanidad o la interconectividad entre los sistemas salud”.

Ante este nuevo panorama, Jesús Acebillo considera que para mejorar la eficiencia de los sistemas sanitarios y capturar así todo el valor que las innovaciones disruptivas generan hace falta una transición desde una visión meramente presupuestaria a una contabilidad analítica; sólo así se podrá conocer el nivel de eficiencia del sistema en la gestión de las distintas patologías. “Esta evolución –ha agregado– será clave si queremos conocer con precisión los costes por intervención terapéutica o por enfermedad, y también para identificar las palancas para mejorar los resultados de salud en los pacientes. En definitiva, será clave para la sostenibilidad del sistema sanitario en los próximos años, donde prevemos escenarios con  incrementos significativos en la demanda sanitaria”.

Este análisis de los resultados en salud de cada intervención sanitaria debe hacerse no sólo a corto, sino también a medio y largo plazo, ya que es en periodos largos cuando se manifiestan la gran mayoría de beneficios clínicos en el tratamiento de un gran número de patologías. Y el análisis -sostiene Acebillo- debe trascender la perspectiva estrictamente sanitaria: junto a los beneficios clínicos de un nuevo medicamento o tecnología han de contemplarse también sus efectos positivos en términos socioeconómicos, de empleo y de mejora de la calidad de vida.

En este punto, reiteró el compromiso de la industria farmacéutica con estas transformaciones y ha ofrecido la colaboración de ésta a las Administraciones Sanitarias para realizar estudios piloto sobre resultados en salud en diferentes patologías, con el fin de medir el valor añadido que cada innovación genera en los pacientes, el sistema sanitario y la economía del país.

Estos estudios, que seguirían estándares de excelencia internacional, deberían basarse en técnicas digitales de big data, capaces de procesar ingentes volúmenes de datos, y permitirían obtener con gran precisión los resultados que en términos de salud aportan las innovaciones, frente a sus costes asociados. De esta forma se podría distinguir qué tratamientos, tecnologías, actos sanitarios o medidas de gestión son los más eficientes, además de “poner en valor capacidades que serán claves en los próximos años y contribuir a desarrollar y consolidar la cultura de la medición de resultados”.

El uso de fármacos innovadores genera importantes ahorros en otras áreas de los servicios sanitarios (fundamentalmente en atención especializada y hospitalaria), a lo que hay que añadir que la mejora de la salud de la población genera un crecimiento económico para los países, ya que se estima que un año más de esperanza de vida se traduce en un 4% de crecimiento del PIB. En este punto cabe recordar que los medicamentos han sido responsables de dos tercios del aumento de 1,74 años en la esperanza de vida registrado en los países desarrollados en la primera década del siglo.

En este contexto, España constituye un caso único en el ámbito europeo para comenzar a aplicar la medición de resultados en salud y desempeñar el liderazgo europeo en esta materia, opina Acebillo, ya que dispone de un excelente sistema sanitario, con altos niveles de cualificación médica y de integración entre atención primaria y especializada, sin olvidar su participación en proyectos internacionales de investigación.

La aplicación de este nuevo esquema facilitará, además, la evolución desde el tradicional esquema centrado en el paciente agudo a un nuevo escenario cuyo protagonista es el paciente crónico, que puede llegar a vivir muchos años tras el diagnóstico y que será el protagonista del 70% de toda la actividad sanitaria en los próximos 15 años.

Este cambio de paradigma seguirá intensificándose en el futuro de la mano de la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, que conllevará innovaciones con mayor especificidad que supondrán importantes mejoras para la salud y la calidad de vida de los pacientes. En la actualidad existen más de 7.000 moléculas en distintas fases de I+D, de las que surgirán nuevos tratamientos que permitirán abordar los desafíos que siguen planteando hoy numerosas enfermedades.

Compromiso de la industria
La apuesta por la medición de los resultados en salud forma parte del firme compromiso de la industria farmacéutica innovadora con la sostenibilidad del sistema sanitario, compromiso del que son buenos ejemplos el Convenio por la Sostenibilidad y la Innovación firmado con el Gobierno y la puesta en marcha de nuevas fórmulas de financiación de la innovación, como los techos de gasto o los acuerdos de riesgo compartido. Todo ello permite mantener el adecuado equilibrio entre el acceso a la innovación y el rigor presupuestario.

Prueba de ello es que, mientras que entre 2009 y 2016 se pusieron a disposición de los pacientes españoles 164 nuevos principios activos (que se traducen en 1.344 nuevos medicamentos de prescripción), el gasto farmacéutico en ese mismo periodo se redujo en un 4,3%, pasando de 19.066 millones de euros en 2009 a 18.249 millones en 2016. Esto permite a España preparar la evolución hacia un nuevo modelo de medición de resultados en salud desde la serenidad que permite su equilibrio actual entre sostenibilidad y acceso a la innovación.

En cualquier caso, Acebillo insistió en la calidad de vida de los pacientes como eje del modelo de medición de resultados en salud. En este sentido, es crucial, para que sea realmente efectivo, incorporar los intereses y valoraciones de los propios pacientes, cuyo papel debe reforzarse.

Este encuentro, como ya es tradicional, fue dirigido por el profesor Félix Lobo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Santander. La clausura estuvo a cargo de Humberto Arnés, director general de la patronal de la industria farmacéutica innovadora.

Fuente: Biotech Magazine

Transparencia de la industria farmacéutica en España

La sociedad española ha tenido y tiene la oportunidad de conocer, de forma pormenorizada, los nombres de los clínicos y científicos que colaboran con la industria farmacéutica innovadora, gracias a la iniciativa de la Patronal de este sector estratégico para nuestro país, que solo en 2015, invirtió unos 190 millones de euros en contratos con organizaciones y profesionales sanitarios para proyectos de investigación y desarrollo. A esta cifra hay que añadir otros 119 millones de euros en ayudas para que profesionales sanitarios pudieran acudir a actividades científicas y reuniones profesionales. En este capítulo, además, se contó con un apoyo de 66 millones de euros por parte del sector para su celebración a través de organizaciones sanitarias. Esta medida ofrece una información transparente sobre la contribución de la industria farmacéutica innovadora a nuestros clínicos e investigadores, supliendo la labor que tenía que hacer el Estado y que, lamentablemente, no hace.

Estos datos son públicos gracias a la iniciativa de transparencia europea que han adoptado las compañías adheridas al Código de Buenas Prácticas de la Industria Farmacéutica en España, que al inicio de las vacaciones estivales publicaron en Internet  las colaboraciones realizadas en 2015 con organizaciones y profesionales sanitarios derivadas de su colaboración en estos ámbitos. A ellos se suman otros dos: la prestación de servicios profesionales, ya sean individuales o en grupos, por un valor de 88 millones de euros, y las donaciones, que sólo pueden realizarse a organizaciones sanitarias y que sumaron 33 millones. A partir de ahora, cada mes de junio se publicarán las colaboraciones realizadas el año anterior.

La interacción entre industria farmacéutica y organizaciones y profesionales sanitarios es fundamental para la investigación de nuevos medicamentos. Esta colaboración genera un círculo virtuoso donde todos ganan: los profesionales, puesto que actualizan y mejoran sus conocimientos sobre medicamentos; la industria, que se beneficia de la experiencia clínica y científica de los sanitarios; el sistema sanitario, que dispone de profesionales a la vanguardia del conocimiento y la investigación biomédica internacional, así como de constantes mejoras farmacológicas, y los pacientes y sociedad en general, receptores directos de la oferta de servicios sanitarios.

Desde el año 2002 la industria farmacéutica europea, y por tanto la española, dispone de un Código de Buenas Prácticas, que regula las relaciones entre la industria y las organizaciones y profesionales sanitarios para introducir rigor, objetividad e independencia en dichas relaciones, lo que evita a su vez la competencia desleal entre las compañías. Este Código viene siendo actualizado periódicamente con la incorporación de mejoras derivadas de la experiencia en su aplicación así como de las exigencias de nuestra sociedad. La publicación de las colaboraciones con profesionales y organizaciones, fruto de una nueva modificación del Código, obedece a ese espíritu, que pretende también generar confianza en la sociedad sobre el valor de estas relaciones.

La inversión del sector en I+D durante 2015 le mantiene como líder industrial absoluto en este ámbito en España, con 1.004 millones de euros (un 5,2% más que en 2014). De esta cantidad, el 41% (unos 410 millones) se destinó a contratos de investigación extramuros, fundamentalmente con el ámbito público (centros de investigación, hospitales, universidades y otros organismos), lo que convierte a la industria farmacéutica en el principal impulsor de la colaboración público-privada biomédica en nuestro país.

Los 190 millones de euros en I+D publicados suponen cerca del 50% del montante total de estas colaboraciones externas y hacen referencia a colaboraciones con profesionales y organizaciones asociadas al diseño o ejecución de estudios preclínicos, ensayos clínicos y estudios de posautorización. El resto de inversiones extramuros, hasta llegar a cubrir los 410 millones de euros, incluyen la financiación internacional, los contratos de investigación preclínica en los que no intervengan profesionales sanitarios, el suministro de medicación gratuita para los ensayos clínicos y su monitorización.

En opinión de Antoni Esteve, presidente de Farmaindustria, la inversión de 2015 en I+D es un reflejo de la importante apuesta que hace la industria farmacéutica por mantener la excelencia investigadora en España. Además, “facilita que nuestros centros de investigación, universidades, hospitales y profesionales no sólo conozcan las principales innovaciones, sino que puedan hacer uso de éstas en fases tempranas, lo que beneficia altamente a todos; sobre todo, a los pacientes”.

COMPROMISO DEL SECTOR FARMACEUTICO

Por otro lado, los 119 millones con los que la industria farmacéutica contribuye a la formación científica y clínica es una muestra clara del compromiso del sector por que los profesionales sanitarios españoles continúen al más alto nivel en conocimiento, especialmente importante en el campo de la salud, por el rápido avance en la investigación biomédica y los nuevos tratamientos. Las actividades científicas y los congresos y reuniones profesionales son el instrumento clave para ello y la industria farmacéutica está comprometida con que éstos sean posibles. En 2015 el sector apoyó, asimismo, a organizaciones sanitarias para la celebración de este tipo de actividades con 66 millones de euros.

Según datos facilitados por la Patronal de la industria farmaéutica innovadora, más del 70% de las actividades científicas y los congresos y reuniones profesionales para los que la industria destina ayudas, ya sea a profesionales u organizaciones, son eventos de terceros organizados por entidades científicas acreditadas y de reconocido prestigio, como es el caso de las sociedades científicas, lo que garantiza el rigor, la independencia y el interés científico de estas actividades, que cuentan siempre con un programa elaborado por comités científicos independientes. La labor que en este ámbito desarrollan las sociedades contribuye a que los médicos españoles ostenten un nivel de excelencia que ha sido reconocido tanto a nivel nacional como internacional y a que desempeñen una actividad asistencial que es altamente valorada por los ciudadanos.

Casi el 95% de las ayudas que destina la industria farmacéutica en España a profesionales sanitarios se ofrece a médicos. En nuestro país hay 177.665 médicos haciendo labores asistenciales, según datos oficiales del INE referidos a 2014, y un gran número de ellos se benefician de estas actividades científicas apoyadas por la industria.

Cabe destacar que sólo la inscripción media a un congreso científico de ámbito nacional es de 600-700 euros, cantidad que puede verse incrementada si la reunión es de carácter internacional. El pasado año el 43% de las reuniones en las que la industria farmacéutica colaboró fueron nacionales, mientras que las reuniones regionales supusieron el 32% y las internacionales, el 25%.

Los congresos son fundamentales para mantener al médico al día de los avances en su especialidad, y su importancia es tal que, por ejemplo, el pasado año acudieron casi 9.000 profesionales a los congresos nacionales de Atención Primaria, 3.400 al de Cardiología o 1.500 al de Oncología. En los congresos internacionales, las cifras se multiplican hasta alcanzar, por ejemplo, los 20.000 que reunió el año pasado el Congreso Europeo de Oncología (ESMO) y los 30.000 del Congreso Americano de Oncología (ASCO). En el caso de ESMO, la presencia de oncólogos españoles ha oscilado entre el 2,5% del total de asistentes en 2012 y el 5% de 2014.

“Es motivo de orgullo para nuestro sector ser uno de los principales facilitadores del acceso a información científica de los profesionales sanitarios españoles”, subraya Antoni Esteve. Todos -profesionales, organizaciones sanitarias, sistema de salud, industria farmacéutica y, sobre todo, pacientes- “nos beneficiamos de que el profesional sanitario conozca y maneje los últimos avances en su especialidad, por lo que es crucial que la industria continúe con su firme compromiso de facilitar la organización y asistencia a las actividades científicas y los congresos profesionales”.

DONACIONES A ORGANIZACIONES
Los otros conceptos que las compañías adheridas al Código de Buenas Prácticas han transparentado en los últimos días han sido las contrataciones de profesionales por prestación de servicios y las donaciones a organizaciones sanitarias. En 2015, la industria farmacéutica contrató servicios profesionales, ya sean individuales o en grupos, por valor de 88 millones de euros. Este tipo de servicios son reconocidos como de asesoramiento o consultoría y sus características y requisitos están delimitados en el Código de Buenas Prácticas. Estos servicios pueden ser de diversa índole (ponencias en reuniones, realización de informes, etc.), pero en todo caso implican el abono de una remuneración y, en su caso, los gastos de desplazamiento y manutención.

Estas actividades permiten a la industria farmacéutica conocer el comportamiento en la práctica clínica de los medicamentos, una experiencia que sólo atesoran los profesionales sanitarios. A partir de ahí las compañías pueden mejorar la seguridad y eficacia de los tratamientos o detectar nuevas necesidades, lo que resulta muy beneficioso para el abordaje de las enfermedades, para la eficiencia del sistema y, en especial, para aportar soluciones al paciente.

Por último, la industria farmacéutica hizo donaciones a organizaciones sanitarias que prestan servicios de asistencia sanitaria social o humanitaria por valor de 33 millones de euros. Estas aportaciones deben responder a peticiones de las propias organizaciones y son desinteresadas, pues, tal y como recoge el Código de Buenas Prácticas, no pueden constituir un incentivo para “la recomendación, prescripción, compra, suministro, venta o administración de medicamentos”. Este tipo de ayudas van desde donaciones dinerarias para proyectos de investigación o a entidades académicas para que las destinen a becas hasta la donación de medicamentos a instituciones humanitarias.

Es necesario insistir en que la publicación de las colaboraciones entre industria farmacéutica y organizaciones y profesionales sanitarios sólo es un paso más, aunque muy relevante, en la apuesta de la industria farmacéutica por la transparencia, vinculada al Código de Buenas Prácticas y materializada en 2002 con la creación del moderno Sistema de Autorregulación.

Encuadrada en una iniciativa de ámbito continental adoptada en 2013 por la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (EFPIA) -a la que pertenece Farmaindustria-, la publicación de las colaboraciones surge con la intención de poner en valor unas relaciones indispensables para el avance científico. “En la industria nos sentimos orgullosos de esta colaboración necesaria con los profesionales sanitarios y sus sociedades científicas, imprescindibles éstas en la orientación en materia de formación y como garantes de la independencia de estas actividades”, insiste Antoni Esteve.

Fuente: Biotech Magazine

La biotecnología española iguala por primera vez al turismo en facturación

Más luces que sombras en el sector de la biotecnología española, por primera vez desde que empezó la crisis. Ésa es la principal conclusión que se desprende del Informe ASEBIO 2015, el análisis que presentará hoy la Asociación Española de Bioempresas en la sede central del CSIC en Madrid. La patronal resalta el crecimiento sostenido e imparable de un sector que, en el ejercicio de 2014, ya suponía el 10,35% del PIB en España, igualando las cifras del turismo nacional, una de las “columnas vertebrales” de nuestra economía.

El tan ansiado cambio en el modelo productivo, auspiciado por la legislación que regula la ciencia en España, no se ha consumado todavía. Pero la evolución de la biotecnología en nuestro país ofrece sólidas esperanzas: en los años del crisis el nivel de facturación siguió aumentando hasta superar la barrera de los 100.000 millones de euros anuales. Este incremento, según ASEBIO, es “espectacular”, dado que en 2008 el sector biotecnológico español sólo representaba el 2,98% del PIB.

El nivel de facturación de la biotecnología engloba tanto a las empresas estrictamente biotecnológicas, popularmente conocidas como biotech, como a aquellas compañías que consideran a este sector como una línea secundaria de su modelo de negocio. Las cifras de empleo también son positivas, dado que el número de trabajadores ha crecido hasta superar los 177.000 en 2014. Sin embargo, esta tendencia al alza no recupera los niveles históricos de empleo cualificado en biotecnología observados en 2012.

El aumento de la cifra de negocio del sector, que se incrementó por encima de los 107.000 millones de euros, es otro de los datos optimistas que destaca ASEBIO. Esta cifra supone un 13,28% más que en el ejercicio anterior, según los análisis recogidos en dicho informe y en la Encuesta sobre Innovación Tecnológica en las empresas 2014 del Instituto Nacional de Estadística. En este caso, la sombra del Informe ASEBIO 2015 llega con la reducción del número de empresas estrictamente biotecnológicas en España, país considerado como el segundo del mundo en cuanto a la cifra de compañías de este sector, sólo por detrás de Estados Unidos.

Tras dos años consecutivos de caída, la inversión en I+D en biotecnología se recupera, una tendencia opuesta a la que muestra el conjunto de la investigación española, seriamente mermada por años de recortes. Esta recuperación se debe al aumento del gasto privado en I+D+i, otra muestra de que la biotecnología “va por libre”, dado que la tónica general es que la inversión privada en ciencia se reduzca.

Entre los aspectos negativos que recoge el Informe ASEBIO 2015 se encuentra la disminución del número de patentes, que cayó un 7,27% según datos de la Fundación Parque Científico de Madrid y Clarke Modet & Co, en colaboración con ASEBIO. Grifols, seguida de Abengoa, fue la empresa que mayor número de solicitudes de protección de la actividad inventiva registró.

El buen estado de forma de la biotecnología, que sigue liderando Cataluña por delante de Andalucía y la Comunidad de Madrid, que queda relegada por primera vez al tercer puesto, queda de manifiesto con las alianzas y operaciones financieras realizadas. Las rondas de financiación cerradas por compañías como Sanifit o Minoryx Therapeutics así lo demuestran.

El sector, que celebró el Año de la Biotecnología en España en 2014 gracias al impulso de la Federación Española de Biotecnólogos (FEBiotec), la Sociedad Española de Biotecnología (SEBiot), la Sociedad Española de Microbiología (SEMicro), la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y la propia ASEBIO, vive ahora un momento dulce tras quince años de trabajo y crecimiento, en los que la crisis golpeó a la industria y a la investigación académica. Es aquí precisamente donde la patronal biotecnológica reclama un mayor esfuerzo, al solicitar al Gobierno “mayor ambición en el gasto público de I+D+i, la apuesta por la compra pública innovadora o la simplificación de las deducciones en el impuesto de sociedades”, entre otras medidas.

Fuente: Hipertextual

Bilbao acogerá BioSpain 2016, del 28 al 30 de septiembre

La Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO) y SPRI (Agencia Vasca de Desarrollo Empresarial), dependiente del Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad del Gobierno Vasco, han firmado un acuerdo por el que queda elegida la Villa de Bilbao como sede para la celebración de la octava edición del evento bienal Biospain. El evento se presentó en el marco de la feria BioEurope Spring celebrada en París del 9 al 11 de marzo.

Así, del 28 al 30 de septiembre de 2016, el Bilbao Exhibition Centre (BEC), en Barakaldo, será escenario de BioSpain,  un foro para el intercambio de conocimiento, ideas y experiencias entre todos los actores del sector biotecnológico, que se ha convertido en la gran plataforma de presentación de la biotecnología española a nivel internacional.

BioSpain se estructura en una feria comercial, un evento de partnering, un foro de inversores, un foro de formación y empleo, conferencias de temática diversa (sesiones paralelas) con ponentes nacionales e internacionales y el congreso científico de la mano de sociedades científicas. Se ha convertido en el más importante de Europa con base fija en un país y  en el quinto en el ranking mundial por número de reuniones de desarrollo de negocio. La anterior edición, BioSpain 2014, se celebró en Santiago de Compostela.

Alex Arriola, Director de SPRI comenta: “Euskadi se consolida como el lugar de referencia en iniciativas intensivas en conocimiento y tecnología como demuestra la organización por segunda vez en Euskadi de la mayor feria biotecnológica del Estado, Biospain 2016, y por tercera vez consecutiva del mayor evento nanotecnológico,  Imaginenano 2015”.

La presidenta de ASEBIO, Regina Revilla, ha señalado, por su parte, que “nuestra experiencia en Euskadi con Biospain 2012, evento en el que contamos con la presencia del entonces S.A.R. Príncipe Felipe, fue excepcional por el elevado nivel de asistencia, unas infraestructuras muy adecuadas para la celebración de nuestro evento, y la implicación del ejecutivo local, tan comprometido con el desarrollo de la I+D”.

Fuente: Pharmatec

Farmacéuticas y ‘biotec’ estrechan lazos sin receta

Cuando uno tiene lo que al otro le falta, ¿por qué no unirse? Eso debieron preguntarse los laboratorios farmacéuticos y las empresas biotecnológicas, que llevan algunos años sumergidos en colaboraciones cada vez más frecuentes y más estrechas para sobrevivir y ser competitivos en un sector donde en el camino al éxito hay que sortear años -a menudo casi dos décadas- de riesgo.

Lo primero debe ser reconocer que existe un problema. «La industria farmacéutica (toda, desde la más pequeña hasta la más grande) tiene un problema de productividad», explica Luis Ruiz, CEO de Spherium Biomed, quien sabe de primera mano que «cada vez es más caro y largo llevar un fármaco al mercado porque cuesta más encontrar aspectos diferenciales». Precisamente por ello, el directivo de la empresa -que es una joint venture entre las catalanas Ferrer y Janus Developments- considera que la industria está ante un cambio de paradigma y ha ampliado miras abriéndose a la innovación externa. «El concepto de I+D clásico se ha visto desplazado para acceder a los descubrimientos que hacen otros, fundamentalmente en entornos académicos y que la industria biotec madura hasta que puedan ser incorporados a los portfolios de las empresas más consolidadas y con capacidad financiera de llevarlos al mercado», dice Ruiz.

Porque si bien las biotecnológicas tienen los conocimientos científicos, de lo que a menudo no disponen es de financiación o de expertise en aspectos relacionados con la regulación, la industria o la clínica. Ahí es donde entran las grandes farmas, en una ecuación que ambos quieren resolver juntos para poder transformar los conocimientos en, como apunta Ruiz, «cajitas que se vendan en farmacias» en pro de la salud del paciente, por el que a menudo se olvidan los egos. «Tanto a través de ventas propias como de venta de terceros es posible recuperar las inversiones de la compañía», admite Ruiz.

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